Escocismo de Bolivia

febrero 5, 2016

SIMBOLISMO ZODIACAL EN EL TEMPLO MASONICO

La masonería simbólica fundamenta su labor de enseñanza a través de los símbolos, mismos que en su mayoría se van develando en los primeros grados de la vida masónica, y que son particularmente destacados conforme establecen los diferentes rituales. Los símbolos que ornamentan los Templos, consagrados al Hombre y a su relación con el Gran Arquitecto del Universo, son motivos de estudio esotérico y exotérico de aquello que se nos presenta ante nuestros ojos, por ejemplo: las Herramientas de cada grado, el Ara, el Volumen Sagrado, las Columnas del pórtico, la Cadena Universal, la Bóveda Celestial, los doce Símbolos del Zodiaco, y muchos otros más.

El objeto de este trabajo estará orientado al simbolismo zodiacal, pero para ello se deberá tomar en cuenta ciertos aspectos que dieron origen al Zodiaco y sus símbolos. “Desde el comienzo de la civilización los hombres han mirado hacia el cielo, con asombro, respeto o miedo. Descubrieron la existencia de determinados ciclos celestes que se superponían a otros ya conocidos como las estaciones, el día y la noche, la siembra y la cosecha, los movimientos migratorios de los animales. Usaron los ciclos celestes para predecir, las épocas en las cuales debían cazar, sembrar y recolectar. Hacia el año 4000 a.C. Mesopotamia fue la cuna de la astrología occidental. Ésta era una civilización floreciente, y como todo pueblo que ha desarrollado un grado cultural suficiente, creó una mitología para explicar el mundo intentando dar respuesta a las preguntas que el temor a lo desconocido le producían” (1)

De allí que nacen los mitos basados en tradiciones y/o leyendas para explicar los fenómenos del universo como el movimiento del sol y las estrellas, el movimiento de la Tierra, el origen del hombre, o de cualquier cosa que necesite un explicación por más simple que haya sido esta.

“La Mitología, frente a lo que dicen muchos estudiosos del tema, no es sólo un conjunto de cuentos fantásticos vacíos de sentido sino que, por el contrario, representa una forma de expresión de la Sabiduría Tradicional. Esto es un hecho en lo que se refiere al tronco principal de las mitologías de los diferentes pueblos, pero no cabe duda de que los mitos secundarios y de tercera fila ya pierden bastante la profundidad, aunque casi siempre tienen alguna moraleja al modo del refranero.

Podríamos preguntarnos por qué los antiguos ponían en parte pasiones y amores humanos en los dioses, a la vez que les atribuían poderes supra normales. Esto es muy sencillo de explicar, ya que lo que hoy nosotros traducimos como dioses era, para nuestros antepasados, la representación de las fuerzas rectoras del universo. Y, de acuerdo a la sentencia hermética de “como es arriba es abajo”, las debilidades y potencias de los dioses podían ser, aunque no necesariamente, las de los hombres. De este modo, lo que nosotros llamamos mito es simbólicamente un cúmulo de experiencias humanas expresadas en forma artística y simbólica, lo cual hoy no se suele dar con tal categoría.” (2)

Aquellos efectos sobre la vida terrestre fueron asociados a una fuerza divina, y los relacionaron a la luna, al sol y a las estrellas. De allí el origen de la Astrolatría. En ese entonces como expresión material de adoración o para contrarrestar los efectos adversos, que esas deidades imponían sobre la Tierra, se hacían sacrificios y ofrendas; similares a las que en la actualidad, en algunas culturas, se las sigue practicando. Aunque no siempre culminen en grandes recompensas.

Posteriormente surgieron mayores interrogantes por el deseo de comprender los misterios de la existencia humana y los efectos que estos misterios tenían sobre todo ser vivo en la tierra como un fenómeno ligado el cosmos. Estos hechos dieron origen a la Astrología que fue muy desarrollada por los caldeos dejando así las primeras tablas de los movimientos planetarios; y para ello utilizaron doce constelaciones, por las que el Sol y la Luna pasaban periódicamente.

“En todos los Misterios, así como en la simbología de la Biblia, encontramos la frecuente recurrencia del número doce. Este aparece también en la Masonería bajo tal simbolismo como las doce tribus de Israel en el Grado del Arco Real y los doce CC. que están activos en el tercer grado. Tenemos también los doce hijos de Jacob en el Antiguo Testamento y los doce discípulos de Cristo en el Nuevo Testamento. Están los doce meses del año y muchas otras instancias en las escrituras del mundo. ¿A qué se refieren todas ellas? ¿Cuál es el simbolismo que subyace en este número constantemente recurrente? Simplemente una referencia al viaje del Sol (el símbolo de la Deidad) alrededor de los cielos, pasando regularmente a través de los doce signos del Zodíaco en el curso de su viaje anual de doce meses. Esta es la verdad básica que aparece una y otra vez en los rituales masónicos. Hay siempre un viaje, un proceso hacia adelante o alrededor, una búsqueda de la Luz, un viaje desde el Occidente al Oriente, o una circunvalación” (3) .

Etimológicamente el término “Zodiaco proviene del griego Zódiacos, derivado de zóon, animal. Círculo o faja celeste en cuyo centro está la eclíptica. Es la zona de los animales, porque en ella están los doce signos, casas o constelaciones” (4).

“Los signos del zodíaco son las representaciones simbólicas de las 12 principales constelaciones, que aparentemente recorre el sol en su movimiento de translación” 5 . En este punto cabe hacer notar que la diferencia entre astronomía y astrología radica en el empleo del sistema heliocéntrico (sostiene que la Tierra y los demás planetas giran alrededor del Sol), o del geocéntrico (coloca la Tierra en el centro del Universo, y los astros, incluido el Sol, girando alrededor de la Tierra).

¿Existe una relación entre nuestra orden y las manifestaciones astronómicas del sistema solar? La importancia que tienen los signos del zodiaco en la Masonería es trascendental. Todos los componentes simbólicos que están presentes en la ornamentación del templo asocian la Masonería a las tradiciones iniciáticas y esotéricas más antiguas en la historia del hombre.

Al respecto, Jorge Adoum indica: “En torno a la Logia hay doce columnas. Según la interpretación general representan los doce signos del zodíaco, pero creemos que simbolizan un ideal más esotérico. Semejante al sol, situado entre los signos, así es el hombre verdadero: está dentro del cuerpo, suspendido entre dos decisiones de donde va a nacer su futuro espiritual tras haber nacido su ser físico.

Si las doce columnas de la Logia representan los doce signos del zodíaco, en el cuerpo físico hay doce partes, doce facultades influidas por esos signos y distribuidas en torno al Sol Espiritual del hombre:

  1. Aries, representa la cabeza o el cerebro del hombre cósmico; es Benjamín, la voluntad activa guiada por el cerebro.
  2. Tauro, el cuello y la garganta; es Isachar, la fuerza del pensamiento silencioso y vivificante.
  3. Géminis, los brazos y las manos; es Simón y Leví, unión de la razón con la intuición.
  4. Cáncer, los órganos vitales, respiratorios y digestivos; es Zabulón, equilibrio entre lo material y lo espiritual.
  5. Leo, el corazón, centro vital de la vida física; es Judá, los anhelos del corazón.
  6. Virgo, el plexo solar que asimila y distribuye las funciones en el organismo; es Aser, la realización de las esperanzas.
  7. Libra, los riñones y lomos del hombre, equilibrio en el torbellino de la fuerza creadora; es Dan, la percepción externa equilibrada que se exterioriza como razón y presencia.
  8. Escorpión, el órgano generador o sistema sexual, es la caída del hombre fuera de la Balanza o Libra, punto de equilibrio; es Gad, la generación de las ideas.
  9. Sagitario, caderas y asentaderas, autoridad y gobierno físico; es José, facultad organizadora del Espíritu.
  10. Capricornio, rótulas flexibles, emblema del servicio; es Nephtalí, símbolo de la regeneración o renacimiento.
  11. Acuario, piernas, locomoción del organismo; es Rubén, la ciencia y la verdad.
  12. Piscis, los pies, bases fundamentales de todo objeto externo; es Efraín y Manaces, paciencia y obediencia” (6) .

Con lo expuesto anteriormente y en el afán de la “búsqueda de la verdad” debemos diferenciar entre el estudio zodiacal sensato, mismo que está basado en estudios serios del conocimiento humano y a través de cálculos matemáticos, de aquellos “adivinadores de destinos” y “horoscopistas” que utilizan de manera irresponsable parte de este conocimiento.

Dentro de la Masonería, todos los símbolos tienen un valor esencial en nuestros preceptos, tales como: la Verdad, la Justicia, la Rectitud, la Tolerancia, etc. Algunas descritas por Adoum como las doce facultades del Espíritu que existen en el cuerpo físico del hombre. La adecuada interpretación de la simbología deberá situarnos en la actualidad para, así, comprender mejor nuestra realidad del mundo y proyectarnos a un futuro promisorio. Por tanto, quizás debemos interiorizarnos más en el estudio zodiacal y su influencia en los trabajos masónicos de manera tal que podamos develar los misterios del hombre, de la vida y del universo.

En la actualidad, el estudio zodiacal no ha concluido ni definido su ámbito de investigación por tanto está sujeto a un perfeccionamiento conforme vaya desarrollándose el conocimiento humano respecto a nuestra cosmovisión y como ésta nos determina e influye.

Para concluir me quedo con un pensamiento de Carl Sagan:

“La astrología pasó a ser una disciplina esotérica, una mezcla de observaciones matemáticas cuidadosas y un registro de datos con pensamientos confusos y mentiras piadosas”.

He cumplido,

H·. M.·. Juan R.·. P.·.  H.·. Resp.·. Log.·. “Nosce Te Ipsum – Aurelio García No. 19”

BIBLIOGRAFÍA

1 https://lanaveva.wordpress.com/2011/03/12/origen-del-zodiaco/

2 http://myslide.es/documents/muy-muy-bueno-astrologia.html. Astrología. “Los signos del Zodiaco” p. 8

3 Foster, Bailey. El espíritu de la Masonería. Ediciones “La Piedra Angular” 2007. p 21

4 Monlau, Pedro Felipe. Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana. Imprenta y Esterotipia de M. Rivadeneira. 1856. p 473

5 Raynaud de la Ferriere, Serge. El libro negro de la francmasonería. 1970. Edición digitalizada 2007. p 85

6 Adoum, Jorge. Esta es la Masonería. El aprendiz y sus misterios. Editorial Kier S.A. 1999. Digitalizado por la Biblioteca “Upasika” 2004, pp 34- 35.

IIIº, Portada
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