Escocismo de Bolivia

abril 26, 2016

ESCOCISMO Y REGULARIDAD

INTRODUCCIÓN.

El Rito Escocés Antiguo y Aceptado ha dado lugar a polémicas y controversias que se han suscitado en el seno de la Masonería, pero ninguna más tenaz y empeñada como la que viene manifestándose desde su aparición, con respecto al título y origen verdadero de este Rito, y muy en especial, de su pretendida antigüedad, que algunos hacen remontar hasta los primeros siglos del Cristianismo.

No es propósito de este trazado el determinar la antigüedad, basta decir que el Escocismo hace su aparición el 1° de mayo de 1786, en Berlín, donde se crea el Rito Escocés Antiguo y Aceptado con los 33 Grados que ahora conocemos y cuya organización se atribuye al Rey de Prusia Federico II.

El Escocismo como lo concebimos, haciendo abstracción de los primeros tres Grados simbólicos, comienza con el Grado IV° de Maestro Secreto y culmina en el Grado XXXIII° de Soberano Gran Inspector General. Sus enseñanzas en un sistema armónico y progresivo, logra el perfeccionamiento del masón en conceptos Iniciáticos bien meditados.

El Escocismo enseña la Verdad que nunca cambia, la presencia de Dios y la inmortalidad del alma, que constituye la filosofía de la Orden, con un análisis concienzudo de las virtudes espirituales, morales y sociales.

El Escocismo combate el despotismo, la maldad y la tiranía que son tres enemigos de la Libertad de Pensamiento,  la Libertad de Palabra y la Libertad de Conciencia; de éste modo se evalúa al hombre en su existencia, es decir, en el mundo material que le corresponde a su cuerpo, el mundo psíquico o el de las emociones y pensamientos y al mundo espiritual o en otras palabras en su relación con la Divinidad.

El Escocismo dota de herramientas simbólicas y filosóficas, habilitando al masón para pensar por sí mismo y construir su “Templo interior” trabajando esotéricamente en el interior de la Orden como en las organizaciones sociales en las que se desenvuelve.

Regularidad, es algo ajustado y conforme a regla, ley o norma establecida. Se aplica a las personas que viven bajo una regla o instituto espiritual y religioso.

El concepto de regularidad se encuentra en todos los ámbitos. Los científicos investigan y crean fórmulas y sistemas para describir acontecimientos que presentan una cierta periodicidad. Y en la vida cotidiana se hacen cosas a partir de pautas establecidas. Se puede decir que el hombre y sus instituciones buscan y necesitan un orden porque la mente del hombre es capaz  de establecer todo tipo de regularidades.

La idea de regularidad está asociada a la constancia, la estabilidad y, en pocas palabras, es algo que genera confianza. Lo irregular produce inseguridad y genera todo tipo de dudas. Sin embargo, en ocasiones la regularidad provoca una reacción contraria: aquello que ocurre siempre igual y con el mismo orden puede resultar aburrido y poco estimulante.

INTERPRETACIÓN.

El Escocismo considerado desde el Grado IV° al Grado XXXIII°, no puede prescindir  de los tres Grados del Simbolismo, porque estos se constituyen en el cimiento espiritual y moral, desde los cuales se empieza a construir todo un andamiaje de perfección.

La Iniciación en el Sendero Físico, desde el análisis del Nuevo Nacimiento, da las bases en la educación de los cinco sentidos en una percepción del todo espiritual e iniciática, esto en el primer grado. La Iniciación en el Sendero Psíquico, en el Segundo Grado, da al masón el aprendizaje en el manejo adecuado de sus pensamientos y emociones. El Tercer Grado, da al Maestro masón en su Iniciación en el Sendero Espiritual, su estrecha relación con la Divinidad y el conocimiento apropiado de los valores del espíritu, de los valores morales y  sociales. Estos conocimientos adquiridos en el simbolismo, le enseñan al masón a conocerse de manera integral.

Desde el momento en el que al Iniciado se le ha quitado la “venda” de sus ojos que le impedía ver la luz, comienza un aprendizaje sistemático y progresivo, que lo capacita para entrar en el Escocismo, donde en forma gradual se le dota de herramientas simbólicas y filosóficas, habilitándolo para pensar por sí mismo y construir su “Templo Interior” trabajando en el ámbito espiritual, tanto dentro de la Orden como en los lugares donde hace sentir su acción.

Desde el ingreso del masón en el Sanctum Sanctorun, se inicia una marcha apasionante en busca de su perfeccionamiento, en un análisis profundo de nuestros principios de los que deberá sacar el máximo provecho en bien propio y de la humanidad.

La Masonería, sin lugar a dudas, es la adquisición interna que descubre claramente las leyes naturales que invaden los símbolos para hacer la unificación consciente de Gran Voluntad de Dios con la Humanidad.

A propósito de la Masonería, el insigne masón Luis Umbert Santos dice:

“La Masonería, es una escuela de virtud, de amor, de lealtad, de justicia y de democracia. Se levanta en la templanza de su serenidad y el prestigio que le concede la virtud que proclama. Es la torre vigilante del tiempo y del espacio, crisol maravilloso destinado al análisis del pensamiento y de las obras, oasis propicio para el remanso espiritual, guía de la libertad, ejemplo de amor igualitario y símbolo de fraternidad”.

“La Masonería es la devoción del mundo bello. Nada más cierto que en su historia encontramos páginas de grandeza y heroísmo, que relatan su oportuna intervención en el más sólido y eficiente enraizamiento de las sociedades, de las instituciones y de los valores revolucionarios enmarcados en la más pura democracia. Nos ofrece nítidos ejemplos de su intervención en la vida política del hombre y de los pueblos, pero siempre con la definida e invariable tendencia de analizarlo todo con un recto criterio de justicia, de imparcialidad, de tolerancia, de amor”.

El masón no dispone sino de pocos años para realizar sus propósitos; y en cuanto al tiempo que puede consagrar a la obra masónica, es limitado.

El problema, por tanto, se plantea de distinto modo, cosa que los Masones todos debieran comprender. Pero, no obstante su evidencia, se olvida frecuentemente, y ello explica y justifica nuestra conducta y los preceptos que la norman. Si no se perdiera la vista, muchos masones se evitarían críticas inútiles, perjudiciales a veces y siempre  debilitadoras para nuestra Augusta Orden.

Una máxima: “El masón debe sacrificarse a la Orden, y no exigir que la Masonería obedezca a sus impulsos personales, a veces egoístas y de corto alcance”.

La Masonería formula, lenta pero seguramente, una doctrina estable y capaz de evolucionar con los conocimientos humanos, pero escapa a la versatilidad de los hombres.

El masón se perfecciona sin cesar y modifica sus concepciones, sus formas de realización, de acuerdo con el medio, la edad, su estado físico y su experiencia. Si es equilibrado, se apoyará en lo que la Masonería le ofrece.

El masón debe aumentar la herencia que le ha sido transmitida y no distorsionarla o despilfarrarla a su capricho. Debe servir a la Masonería y no servirse de ella.

La Masonería combate enemigos eternos: el Egoísmo, la Fuerza bruta, la Injusticia, la Ignorancia, la Credulidad, bajo las más diversas formas que adquieren a través del tiempo. Sostiene, eleva, desarrolla la Inteligencia, el Amor a los débiles y oprimidos; desenmascara el Mal y exalta el Bien.

Eso y más es la Masonería, pero es bueno puntualizar su objetivo final: “La Evolución de la Humanidad  por la Felicidad y el Equilibrio, La Manifestación Superior”.

Una nueva era brilla  para la Masonería Escocesa decían en su momento ilustres masones, después de demasiado tiempo que fue perseguida la Orden. Estos ilustres y más profundamente iniciados masones que levantaron la bandera escocesa, eran hombres respetados y bien ilustrados y con sólidos conocimientos en las diferentes materias del saber humano, tomaron la decisión de reunirse en Grandes Asambleas para trabajar en ritos y rituales, las Constituciones, Reglamentos que normaran su funcionamiento.

En esta época se decidió al fin a transmitir todos los Soberanos Poderes y prerrogativas de que se hallaba investido este grupo de ilustres hombres, a un Consejo de Soberanos Grandes Inspectores Generales para que tomara la suprema dirección de  alta y sublime Masonería.

Es de estricta justicia destacar a la Masonería escocesa americana, que fue el principal foco del que emanaron, a partir de aquella fecha, los diversos Supremos  Consejos que se fueron estableciendo en todos los países. En un paréntesis, el Supremo Consejo de Bolivia, ha gozado y goza del patrocinio de la Masonería americana.

A partir de 1786 en Europa se estableció El Supremo Consejo y sus miembros se esforzaron en establecer correspondencia y vínculos con los diversos Supremos Consejos que se fueron estableciendo en todos los países de ambos hemisferios. Hay que destacar que se trataron de esfuerzos de hombres con calidad humana a toda prueba.

A estos esfuerzos, se sumó el Supremo Consejo del Grado XXXIII° para Bolivia, que fue creado siguiendo todos los cánones requeridos y exigidos  y ajustándose a los procedimientos para su REGULARIDAD en el consenso internacional, reconocido y aceptado por las potencias masónicas mundiales. Nuestro Supremo Consejo fue fundado el 22 de junio de 1931 e.:v.:

Para empezar a considerar lo que es la REGULARIDAD, hay que  referirse al orden, que es bueno cuando no es contrario a las leyes que rigen a los seres a quienes se les imponen. Es preciso  pues, ante todo, darse cuenta cabal de las leyes y a quien van dirigidas.

Regularidad es la condición de aquello que es regular, que se ajusta a un cierto orden, mantiene una determinada frecuencia. La regularidad suele asociarse a algo positivo. En cualquier ámbito, se aspira a mantener una regularidad ya que esto implica conseguir cierta solidez en el funcionamiento, sin evidenciar demasiados puntos débiles. La regularidad está también vinculada a la estabilidad, de lo contrario pueden producirse distintas clases de errores y fallos. El estudio es una de las actividades que más regularidad demanda para superarlo con éxito, ya que no sólo se trata de tocar cada uno de los temas presentes en un programa, sino incorporarlos y hacerlos parte de nuestra vida.

Se ha dicho líneas arriba que la regularidad está asociada a la constancia, la estabilidad que es algo que genera confianza, contrariamente a lo irregular que produce inseguridad y genera todo tipo de dudas.

También se ha mencionado que, en ocasiones la regularidad provoca una reacción contraria: aquello que ocurre siempre igual y con un mismo orden resulta aburrido y poco estimulante. Parecería que lo habitual en la Orden Masónica, pudiera provocar este tipo de actitudes. Sin embargo, apelando al concepto que la Orden es una Institución progresiva, no sería el caso, ya que se adapta a las evoluciones y revoluciones de la humanidad.

Tal vez es necesario revisar aspectos que se los ha dejado de lado, como es el caso de la espiritualidad, es decir, la relación del hombre con Dios.

A pesar de todo, es bueno recurrir a lo expresado por un pensador internacional que dice: “Ha tenido lugar una bancarrota interior” “Es evidente que el colapso de las relaciones humanas, no se debe exclusivamente a razones políticas, económicas y sociales”. La bancarrota se debe al colapso de algo que está detrás de lo económico, de lo político y lo social: a una bancarrota espiritual. La situación exterior del hombre es equívoca porque su estado interno es también equívoco. Porque la situación exterior depende de la interior. Los hombres no pueden llevarse bien entre sí, porque no se llevan bien consigo mismos, y no pueden llevarse bien consigo mismos, porque no se llevan bien con Dios.

Sin embargo, hay que poner en relieve que nuestra Orden realiza todas sus actividades a la Gloria del Grande Arquitecto del Universo, lo que le da su calidad de Institución Espiritualista y como fórmula de alianza entre incrédulos y creyentes.

Retomando la regularidad en nuestro análisis y su relación con el Escocismo, la Enciclopedia de la Francmasonería de A. Gallatin Mackey dice: “La Logia que trabaja bajo la autoridad legal del Poder de Constitución se llama regular, en concordancia con las Constituciones de Anderson. En el Reglamento General Octavo publicado en esa obra dice así: “Si algún grupo o número cualquiera de Masones se reúnen para formar una Logia sin el Poder del Gran Maestro, las Logias REGULARES no deben patrocinarlos”. “La Logia regular es la Logia adherida al Gran Oriente, y el Masón regular es el miembro de una Logia Regular”.

Siendo las Logias Simbólicas y las Logias del Escocismo un mismo Ente, lo que es en el Simbolismo, es en el Escocismo. Es decir, ningún cuerpo orgánico o Supremo Consejo que no nazca del Poder de Constitución de un Supremo Consejo debidamente constituido, no tiene condición de regular, por tanto es considerado al margen de la Orden.

El problema de irregularidad debería ser bien comprendido por todos los Masones. Pero, no obstante su evidencia, se olvida frecuentemente y ello explica la conducta de mucha gente, que ha perdido de vista el ordenamiento de Nuestra Augusta  Orden. Comenzando primero con críticas inútiles, perjudiciales, siempre debilitadoras y después con ambiciones y envidias, que se traducen en actitudes propias de jubelás, jubelos y jubelum, lacras de la humanidad.

El Escocismo en nuestro Oriente debe andar con los ojos y oídos bien abiertos para desenmascarar a aquellos que con mentiras, con egoísmos, con avaricias y con deseos desproporcionados de poder, pretenden atacar con armas innobles a nuestro Supremo Consejo que, como se ha demostrado ha tenido y tiene una REGULARIDAD  a toda prueba, propia de su Constitución y Cimientos logrados siguiendo procedimientos adecuados que le han dado la solidez que tiene.

La regularidad, tiene su estrecha relación con la legalidad, es decir, seguir rigurosamente el respeto, obediencia y cumplimiento de las Leyes. Hay un ordenamiento que rige la salud de las instituciones y los pueblos.

La Masonería a nivel mundial y nacional, tienen un ordenamiento legal que hay que respetarlo. El intento de manejar las instituciones y querer que funcionen como se nos  venga en gana tiene consecuencias. Al principio puede ser emocionante; pero lo que importa es el final, no el principio. Aparentemente tenemos libertad de elección, pero no podemos elegir los resultados de lo que hemos elegido.

Lo que es regular, sigue un ordenamiento respetuoso de las leyes, trabaja en favor de la armonía de la producción de vidas ordenadas que tienden a la perfección, sin avasallamientos, que se traducen en la solidez de la Orden y la convivencia pacífica de sus miembros. Se traduce en resultados positivos de vidas armoniosas, deseosas de avanzar en conseguir logros en bien propio y de la humanidad, sin más recompensas que el deber cumplido.

Lo irregular, que no respeta el ordenamiento legal, que trabaja en contra de la corriente, infringiendo toda norma, tiene consecuencias en vidas solitarias, estrelladas , producto de sus malas elecciones, sin ninguna norma que los vigile y sin ningún propósito, producto de sus actos irreflexivos.

A manera de corolario quiero ejemplificar todo lo expresado: Respecto de todas las formas de vida, existe en nuestro universo la manera propia y peculiar de actuar y de ser.

En química H20 produce agua. Se puede  luchar con esa fórmula y tratar de deformarla, pero al final se tendrá que rendir a ella, aceptarla y obedecerla, o no se obtendrá agua. Dos partes de hidrógeno y una parte de oxígeno son la ley; cualquier otra fórmula no lo es. Hay una manera de volar y una manera de no hacerlo. Los aviadores nos dicen que en cada instante deben obedecer las leyes de las que el vuelo depende… ¡o de lo contrario…! No hay vacaciones morales en el aire. Hay que obedecer o venirse abajo.

La sabiduría popular nos dice que todo lo recto y correcto y que sigue las leyes de la naturaleza es bueno y regular.

Todo lo que no es de confianza y que está adulterado y que no obedece ninguna ley,  es falso y en la apreciación más correcta es irregular y su falsedad se hace notoria.

Este trabajo no estaría completo si no se tomara en cuenta al JURAMENTO, que es la promesa que realiza todo Iniciado de su propia y espontánea voluntad.

A través del juramento, el masón se obliga a sostener a la Orden con sus contribuciones económicas y con su asistencia. De no cumplir estas obligaciones, entra en irregularidad.

Por el juramento, nos hacemos responsables de nuestra perfección, respetando nuestros principios, las enseñanzas que progresivamente recibimos y que estamos comprometidos a respetarlos y guardarlos con discreción, amparados en el SECRETO masónico. Toda revelación a persona o institución profana, hace del infractor un PERJURO.

Todo iniciado que sin autorización expresa del Supremo Consejo del Grado XXXIII° para Bolivia, este inmiscuido  en la creación de cuerpos orgánicos y peor de un Supremo Consejo en el territorio de la Patria, será sujeto de traición y de expulsión de la Orden de acuerdo a juramento expresado sin mediar presión alguna.

Finalmente, y por juramento todo masón está obligado a obedecer los mandatos del Supremo Consejo de los Soberanos Grandes Inspectores Generales Grado XXXIII° para el Estado Plurinacional de Bolivia a la cabeza del Muy Poderoso Soberano Gran Comendador. Así mismo, se obliga a respetar la Constitución y los Estatutos del Rito.

La sanción a estos delitos expresados en forma sustancial, dando la condición de PERJUROS, se castiga con la expulsión definitiva de la Orden y con comunicación a todos los Supremos Consejos Extranjeros.

Todos estos aspectos están contemplados en nuestro ordenamiento y de nuestros principios que son de conocimiento de todos, de los cuales no se puede pretextar desconocimiento, so pena de entrar en irregularidad.

I.·. P.·. H.·.  Jaime A. Urioste Mendoza, 33°

Bibliografía

El Camino. E. Satnley Jones. Editorial “La Aurora”.

Enciclopedia de la Francmasonería. A. Gallatín Mackey tomos 2 y 4. Ed. Grijalbo.

Vibraciones Masónicas. Luis Umbert Santos. Editorial Pax.

Historia del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Luis Umbert Santos. Editorial Pax.

IVº, Portada
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