Escocismo de Bolivia

enero 26, 2018

EL JUICIO DE PILATOS A JESUS

Militar, probablemente nacido en Roma, según la Biblia, Poncio Pilato, conocido simplemente como “Pilato”, fue quien condenó a Jesús a morir en la cruz. Sus orígenes son desconocidos, sin embargo, se sabe que fue nombrado quinto gobernador de Judea por el emperador Tiberio (42 ac – 37), sucediendo a Valerio Grato en el 26 dc, momento a partir del cual tuvo un poder absoluto, sólo subordinado al gobernador de Cesarea. Su relación con los judíos nunca fue tranquila o amable a causa de su conducta abusiva y a su crueldad, representada a través de frecuentes encarcelamientos sin juicio y de ejecuciones arbitrarias.

Sin embargo, su mala reputación se debe a la forma en que investigó las acusaciones contra Jesús. El verdadero motivo de la denuncia presentada por los sacerdotes contra Jesús era la envidia que les producía, y Pilato sabía eso. También sabía que si liberaba a Jesús iba a traer problemas. Pilato acabó poniendo su carrera por delante de su conciencia y de la justicia.

Pidió que le trajeran agua y se lavó las manos diciendo “Inocente soy de la sangre de este sujeto”. Aunque él creía efectivamente que Jesús era inocente de las acusaciones que le hacían, Pilato ordenó que sea azotado y permitió que los soldados se burlasen, lo insulten y escupan (Mateo 27: 24-31). La famosa frase “lavarse las manos” viene de Pilato, representado en este pasaje.

Eusebio de Cesarea en su Historia Eclesiástica, dice que Pilato cayó en desgracia, al lado del emperador romano Calígula y se suicidó alrededor de 37 d. C. Pero, por otra parte, nadie sabe a ciencia cierta cómo se produjo su muerte porque según el evangelio apócrifo “Hechos de Pilato” (conocido como el Evangelio de Nicodemo, probablemente escrito en el siglo IV) la responsabilidad de la condena de Jesús cae fundamentalmente sobre los judíos y el papel de

Pilato se reduce al mínimo. Debido a este escrito, los ortodoxos y las iglesias ortodoxas etíopes reconocen la figura de Pilato, hasta el punto de considerarlo “santo”, junto con su esposa, Claudia Prócula.

En los evangelios canónicos, el juicio de Pilato se refiere al que tuvo Jesús en el pretorio ante Poncio Pilato, precedido por el que tuvo anteriormente en el Sanedrín. En el Evangelio de Lucas, Pilato encuentra que Jesús, siendo de Galilea, pertenecía a la jurisdicción de Herodes Antipas, y decide enviarlo ante él. Después de preguntar a Jesús y recibiendo muy pocas respuestas, Herodes ve que

Jesús no representa ninguna amenaza y le devuelve a Pilato. Temiendo contaminarse, los líderes judíos no entraron en el tribunal, y la discusión de Pilato con ellos ocurrió fuera del pretorio.

Algunos observan que Pilato aparece más como un defensor abogando por Jesús que como un juez en una audiencia oficial.

Dos posible lugares en Jerusalén se han propuesto para el Pretorio: la Fortaleza Antonia y el Palacio de Herodes. Los primeros peregrinos a Jerusalén generalmente identificaron el pretorio con la Fortaleza Antonia, donde empieza el Viacrucis tradicional conocido como Vía Dolorosa. La evidencia arqueológica, la cual data los restos de la fortaleza en el siglo II d.C., así como la situación tirante que requería a Pilato estar cerca del Segundo Templo como centro de actividad de la Pascua, apoya la ubicación del Palacio de Herodes.

El Evangelio de Marcos utiliza la palabra aulē (“sala”, “palacio”) para identificar el pretorio. Fuera del propio pretorio, había un área llamado el Enlosado. Allí estaba localizado el asiento de Pilato durante el juicio (en griego, bēma: ), en el cual él conversaba con los judíos.

Como las religiones profesadas por los judíos (judaísmo del Segundo Templo) y los romanos (Religión de la antigua Roma) eran diferentes, y desde entonces en el tiempo Jerusalén era parte de Romano Judea, los cargos del Sanedrín contra Jesús no tenían ninguna fuerza ante Pilato. De las tres acusaciones llevadas por los dirigentes judíos (pervertir la nación, prohibir el pago de tributo, y sedición contra el Imperio romano), Pilato escoge la tercera, preguntando: Eres el Rey de los Judíos? Jesús responde con “tú lo dices”. Después la audiencia continúa, y Pilato finalmente pregunta a Jesús Qué es la verdad?.

Volviendo a salir, Pilato públicamente declara que encuentra a Jesús inocente de los cargos, pero la multitud todavía insiste en pedir la pena capital. La regla universal del Imperio Romano limitaba la pena capital estrictamente al tribunal del gobernador Romano y Pilato decidió públicamente lavar sus manos una forma de decir que no estaba al tanto de la muerte de Jesús.​ No obstante, puesto que sólo la autoridad romana podía ordenar la crucifixión y puesto que la pena fue llevada a cabo por soldados romanos, Pilato fue responsable de la muerte de Jesús, un juicio que Reynolds Price describe como una diplomacia habilidosa.

La detención, juicio, condena, sentencia y ejecución de Jesucristo fue y sigue siendo, sin precedente jurídico. El sufrió la pena de muerte, aunque Poncio Pilato lo encontró inocente.

Pilatos, cogido entre la duda, el temor y la injusticia, es el símbolo de la suprema indecisión. Y, por mucho que se lave las manos, no podrá nunca borrar de su conciencia la tremenda responsabilidad de aquel asesinato. Por eso ha merecido entrar en el Credo litúrgico redactado por los Apóstoles: “Padeció bajo el poder de Poncio Pilatos?” y aquel funesto lavatorio habrá quedado como símbolo de la más triste cobardía para el resto de los siglos.

En este juicio se pueden apreciar diversas manifestaciones del pecado que Jesús ha venido a redimir: el odio, la envidia que hoy en día esta latente a todo nivel en el mundo, la lujuria, la debilidad, el afán de poder, la manipulación del pueblo, la violencia, la brutalidad de la sangre, la despersonalización en la masa.

Por eso son los pecados de todos los hombres los que condenan al inocente, no sólo los de los que están presentes en el juicio. Y los pecados de la historia, de cada hombre, se acumulan sobre Jesús golpeándolo y rechazando su liberación. A pesar de todo Jesús sigue amando a los que le odian.

Cab:. Juan Carlos Ávila Solís

Camp. de Cochabamba, 26 de enero de 2018 e.: v.:

 BIBLIOGRAFIA

Domenec Gómez, Josep-Luís (2017). Capítulo Rosa Cruz. España: Editorial masonica.es

Lavagnini, Aldo (1983). Manual del Caballero Rosa Cruz. Argentina: Editorial Kier.

Supremo Consejo del Grado XXXIII para Bolivia (2008). Liturgia del Grado XVIII° Caballero Rosa Cruz del R.·.E.·.A.·.A.·.. Bolivia: Edición Reservada.

Portada, XVIIIº
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